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En los días de campañas electorales, pocos daban como ganador de la contienda de agosto de 2007 al priista Gabriel Arellano Espinosa. El panista Arturo González Estrada se perfilaba como el seguro ganador.

La codicia, la soberbia, la ausencia de colmillo político, las ambiciones personales, las envidias y la miopía propia de los panistas hundieron a Arturo González, en beneficio de Gabriel Arellano, de su familia y del grupo político en el que ha hecho negocios desde siempre. Augusto Gómez Villanueva debe estar feliz.

Ya en campaña, Arellano Espinosa demostró que es un Fox en potencia. Tiene la lengua fácil y pocas ideas en la cabeza. En una entrevista, unos días antes de la jornada electoral, Gabriel fue incapaz de definir su proyecto político. Entonces y ahora, su discurso gira en torno al tema de la seguridad pública. Como el de Alfredo El Mosco Reyes se aferró al tema del agua potable, para arrebatarle el poder al priismo enquistado por, casi, siempre.

Es decir, Gabriel Arellano no ganó porque sea un gran personaje de la política, un estadista en capullo, un priista brillante, un digno representante del poder popular; triunfó porque tuvo la suerte de que las circunstancias lo pusieran en la encrucijada política, en un momento en que el hartazgo por el fracaso de los gobiernos municipales panistas podía convertirse en votos a favor, en un triunfo por poco margen pero inobjetable, aún para el más cerfcano competidor. Como en efecto sucedió.

Podía esperarse, desearse, que Gabriel Arellano y su equipo analizarían los errores del priismo y del panismo para no cometerlos, para construir con su actuar una gran escalera que los lleve a conquistar en el 2010 la gubernatura del estado. Pero no se ve ese interés.

El nuevo presidente municipal no termina de cuajar, a ratos parece que todavía está en campaña, prometiéndo cosas, bajándole las estrellas a los ciudadanos aguascalentenses. Y dando traspiés que a la vuelta del trienio lo harán rodar en la pendiente de la política.

Cuando la propaganda oficial dice que "llegó la hora de cumplir" también está diciendo una redundancia. Se da por sentado que después de las promesas de campaña, del impasse que significa ser gobierno electo, lo que sigue, ya en el gobierno, es aterrizar las promesas en hechos, en acciones de gobierno.

La bandera de la seguridad pública, tema de campaña y preocupación constante de los ciudadanos, sigue en manos de los delincuentes, que con ella trapean el municipio, sin que la autoridad haga algo para impedirlo.

Dice Gabriel Arellano que su gobierno va a conseguir la certificación de CALEA, una entidad formada por jefes de la polícía de varias ciudades de los Estados Unidos; dice el alcalde que su municipio será el segundo de América Latina en conseguir el certificado, por el que se tiene que pagar (algo queno ha dicho) y que esencialmente consiste en seguir un recetario, un listado de condiciones que no se ha dado a conocer.

Dice Gabriel Arellano que para lograr esa certificación necesita repintar las patrullas, rotularlas con los colores de la bandera, los colores que su partido sufructúa en un vergonzoso abuso del poder que ni el PAN o el PRD han podido detener.

Dice el presidente municipal que para ello necesita poner sus iniciales en esas mismas patrullas. GA: gobierno del Ayuntamiento. GA: Gabriel Arellano. Ha de pensar que los ciudadanos somos muy tontos. Hasta el regidor de Convergencia lo tomó a chiste y le propuso mejor poner sus inciales ALC, Armando López Campa y para seguir la maliciosa broma de Arellano le propuso que significaran Ayuntamiento Libre de la Capital.

Igual y las siglas GA desaparecen de la propaganda oficial, por presión de los regidores, porque la intención era hacer cosas buenas que parecen malas, porque decisiones de ese tipo hicieron al PAN precipitarse en el tobogán del descontento social.

Lo mismo para el entuerto que se llamará CIPOL: Centro de Investigación Policial. Una receta que Raúl Grajeda Domínguez ya llevó a los municipios de Chihuahua y Ciudad Juárez, municipalidades donde desmanteló lo que había creado. La misma receta la implementó en el gobierno del Esstado de Chihuahua, donde al CIPOL es señalado como una entidad que absorbe los recursos que las policías de los municipios deberían tener. Y mas, el CIPOL de Chihuahua también se está desmoronando porque Grajeda le vendió su receta a Gabriel Arellano y con el mismo equipo trabajará en Aguascalientes, como asesor dice Arellano, pero con el mismo estilo de llegar, hacer y luego desbaratar para irse.

Si en el discurso Gabriel Arellano toma la inseguirdad pública por los cuernos, enlos hechos no bastará con repintar una patrulla o cambiarle de nombre a la Policía Municipal, lo quelo hará cuajar como presidente municipal serán los resultados. Y para ello justo es darle tiempo. Tiempo, inclujso para que se calle, para que hable menos y haga mucho mas.

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2 comentarios

  1. barb michelen // lunes, enero 14, 2008 11:35:00 a.m.  

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  2. Necrogenesis // sábado, enero 19, 2008 2:49:00 p.m.  

    Post demasiado pretencioso de un panista frustrado