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Dengue se consolidó problema endémico en #AgsMx

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Juan Manuel Robledo

(Este texto lo publiqué en Facebook el 18 de noviembre de 2022; la imagen de la niña besando la foto de su padre la hizo María Miranda y puedes verla aquí. Desearía que esa dolorosa instantánea hubiera tocado las fibras más sensibles de la sociedad de Aguascalientes; eso no sucedió. Quizá sea necio invocar repetidamente la memoria; pero necesario sí es).

Esa niña que besa la foto de su padre mientras el poder público le rinde homenaje, porque es uno de los cinco que viajaban en el helicóptero que se desplomó en #AgsMx el jueves 17 de noviembre de 2022, somos casi todos.

Esa niña que besa la foto de su padre, que murió en el cumplimiento de su deber, no somos todos porque algunos han escogido vivir del otro lado, transgrediendo la Ley; y cada día que pasa es más complicado saber quienes son y donde están.

Esa niña que besa la foto de su padre, que portaba con orgullo su uniforme, somos los ciudadanos que aunque estemos en la calle, en realidad estamos encerrados, cercados por el miedo a ser víctimas de la delincuencia.

Esa niña que besa la foto de su padre, que trabajaba para salvaguardar la integridad de los ciudadanos, somos los que vemos con impotencia que la impunidad es un manto oscuro que a vertiginosa velocidad ahoga a nuestra sociedad.

Esa niña que besa la foto de su padre, que ya no estará para darle un beso y para verla crecer, somos los que anhelamos poder vivir en un clima de paz social, donde quien la haga la pague.

Esa niña que besa la foto de su padre, ahora un recuerdo estampado en un trozo de papel, somos los que en esta huelga de brazos caídos pensamos que las cosas son así y nada va a cambiarlas; los que miramos hacia otro lado esperando en silencio el momento en que nuestra vida se desplome, porque ahora nos tocó a nosotros.

 


En La antigua acequia del Ojocaliente, la página Historias de Aguascalientes hace una reseña histórica de las aguas calientes que dieron nombre ala ciudad y al estado; y de la forma en que esa agua se distribuía para ponerla al alcance de la pequeña villa que originó la ciudad que cada 22 de octubre festeja su fundación.

La fundación de Aguascalientes ocurrió bajo la administración del virrey Enríquez de Almanza en tiempos del Rey Felipe II, la cédula o carta merced que confirma la autorización legal está fechada el 22 de octubre de 1575 y firmada por el doctor Jerónimo de Orozco, presidente de la Audiencia de Nueva Galicia. Entre 1601-1602 el obispo Alonso de la Mota y Escobar apuntó: “Llamase esta villa de Aguas Calientes por razón de unos manantiales de ella que junto a sí tiene, pasa por junto a las casas un arroyuelo perpetuo del que beben todos los vecinos porque aunque mana caliente no tiene sabor de azufre, alumbre ni herrumbre, y así enfriándose es muy dulce y sana”.

Como se comprende, de la Mota ya hace referencia a una iglesia, unas casas y un arroyuelo que probablemente sea la acequia del Ojocaliente de la cual bebían los vecinos. A dónde conducía la acequia, con seguridad a una fuente o pila pública que se instalaban en el centro de la plaza mayor, pues por lo regular en los pueblos había una fuente en las plazas públicas porque “su primera construcción fue contemporánea de la llegada del agua al lugar”.

Aunque en el siglo XVII los registros documentales apuntan a que lo más común para abastecerse de agua era tomarla de las acequias que atravesaban la villa, a través de vasijas o pequeñas zanjas que eran habilitadas por los propios consumidores tal vez hasta una pila o depósito privado. Las pilas públicas están documentadas hasta 1730, cuando el alcalde Matías de la Mota Padilla construyó un acueducto subterráneo para llevar el agua del manantial del Cedazo, “una legua al sur de los del Ojocaliente, con una serie de pilas que debían construirse en puntos estratégicos de la villa”.

Como se  sabe, la mayoría de las fuentes públicas de la ciudad eran alimentadas por uno de los manantiales del Ojocaliente, rodeado de una “Caja de Agua” hecha de mampostería que protegía el vital líquido de las “inmundicias”, desde donde se desprendía un acueducto descubierto hecho del mismo material hasta llegar a una “Caja repartidora” ubicada en los baños de los Arquitos; su dueño tomaba el líquido que le correspondía y el resto era liberado y “conducido por una cañería de tubos de barro” hasta llegar a las fuentes públicas. Las únicas fuentes que no eran surtidas por las aguas del Ojocaliente eran las de Triana, Reforma y Hotel Chávez, que eran alimentadas por el depósito del Cedazo, “la mejor agua potable de la ciudad”.

Durante el porfiriato, debido a las malas condiciones del acueducto que transportaba el agua del manantial del Ojocaliente hasta la “Caja repartidora”, se suscitaron algunos problemas entre la dueña de los baños de los Arquitos y el Ayuntamiento, por la constante falta de agua tanto en los baños como en las fuentes públicas. Respecto al aprovechamiento del agua, en la escritura de los baños se decía que el dueño o el comprador estaba obligado a conservar en buen estado “el acueducto que parte de la Caja principal” hasta los baños y garantizar una naranja de agua (64.8 litros de agua por minuto), “de la misma que surte a los baños, para el servicio de las fuentes públicas”.

Por esta razón el gobernador del estado Rafael Arellano solicitó la modificación del contrato sobre el uso del agua, reparación del acueducto y caja de agua para mejorar el abastecimiento en las fuentes públicas. Un reconocimiento realizado por los ingenieros Tomás Medina y Leocadio de Luna, arrojó que en los baños de los Arquitos no había “caja que distribuya las aguas, y el orificio de salida para la cañería de las fuentes, desprendiéndose perpendicularmente a la dirección de la corriente, quedó, desde la fecha del contrato, en las peores condiciones de situación”. Después de varias negociaciones, a inicios de 1897 se modificó el contrato el cual establecía que el Ayuntamiento se obligaba a construir el acueducto que proveía de agua a los baños y fuentes públicas, además de “conservarlo en buen estado, a perpetuidad, mediante la suma de trescientos pesos con que por una sola vez contribuirá la señora viuda de Puga para la construcción del mismo acueducto”.

La acequia siguió funcionando cuando menos hasta 1970, pues en esa época el proceso de crecimiento de la ciudad “cegó el acueducto subterráneo que los alimentaba al terminarse la pavimentación del tramo oriente del primer anillo de Circunvalación y al abrirse la avenida Héroe de Nacozari”.

De la antigua acequia del Ojocaliente solamente quedaron los vestigios, lo cuales fueron tapados en la reciente remodelación que sufrió la Alameda para convertirla en corredor cultural, por lo demás, en vez de tapar el vestigio de la acequia, hubiera sido deseable que el Ayuntamiento colocara una pequeña ventana para que la gente la pueda observar, como una huella del pasado y parte de nuestra memoria histórica.

 


¿Conoces esta vieja casona del siglo XVIII ubicada en la esquina de Victoria y Allende, en el centro de la Ciudad de Aguascalientes?

¿Sabías que es de las poquísimas fincas en su tipo que aún se conservan en el Centro Histórico?

¿Sabías que fue casa habitación por 250 años y ahora abre sus puertas al público para disfrute de su hermosa arquitectura? 

Ven a Casa Victoria - Espacio Cultural Alterno y conoce su historia. 

• Sábado 30 de septiembre

• Dos recorridos: 17:45 hr y 19:45 hr 

(Recorridos no teatralizados)


Donativo : $100 pesos

Cupo limitado a 30 personas. 

Reservaciones: WhatsApp 449 323 1169

 


#UnDíaComoHoy pero de 2022, un sismo de magnitud 7.4 con epicentro en Coalcomán, Michoacán, a una profundidad de 15 km registrado a las 13:05:09 horas del lunes 19 de septiembre de 2022 provocó que en el estado de Aguascalientes se percibiera con una magnitud de 4 (en la escala de Mercalli), suficiente para que algunas personas sufrieran mareos; y las autoridades ordenaran la evacuación de edificios públicos y privados.

Luego de la sorpresa para algunos, del susto para otros, el reporte de las autoridades de Protección Civil fue  en el sentido de que no se registraron afectaciones.

Algunos especialistas señalaron que debido a que el epicentro del sismo fue a 15 kilómetros la percepción fue mayor y alcanzó zonas bastante distantes de Coalcomán, Michoacán; lo que no sucede en sismos con epicentros a 50 o 60 km de profundidad, mismos que son atenuados por la corteza terrestre.

En la fachada de la casa de cantera marcada con el número 506 de la calle Colón, en el céntrico barrio de Triana, sobresale una placa con la leyenda: “Aquí nació el poeta del toreo Alfonso Ramírez: `Calesero`”.

Los homenajes al matador no terminan ahí. En Aguascalientes existe además una calle con su nombre en ese barrio y hasta un monumento en su honor, junto a la Plaza Monumental de Toros, develado tres años antes de la muerte de “Calesero”, en 2002.

La veneración de los aguascalentenses hacia el torero contrasta con el escaso reconocimiento hacia su hermano, Ernesto Ramírez Alonso, el llamado “Señor Telenovela”, quien también nació en esta ciudad.

Al contrario de “Calesero”, nada en Aguascalientes lleva el nombre de Ernesto Alonso.

Nacido el 28 de febrero de 1917, al actor, que trabajó a las órdenes de Luis Buñuel y luego fue productor de numerosas telenovelas de Televisa, recibió contados homenajes en su estado, la mayoría sencillos.

En 1989, el gobernador priista Miguel Angel Barberena develó una placa en el Teatro Víctor Sandoval, acto al que acudió el actor. Mientras, el actual mandatario panista Luis Armando Reynoso le brindó todas las facilidades para grabar en Aguascalientes su última telenovela “Barrera de amor”.

Ayer, tras el deceso de Ernesto Alonso, Reynoso Femat –quien ha mantenido diferencias con su partido--, organizó un “homenaje póstumo” al actor en el Palacio de Gobierno. En el acto se colocó un retrato de Alonso y coronas florales.

“Siempre recordaremos al señor Ernesto Alonso como un ilustre y gran aguascalentense. Por ello, deseamos que descanse en paz el `Señor telenovela`. Ernesto Alonso seguirá viviendo no sólo en la memoria de los mexicanos, sino de manera muy especial en la mente y los corazones de la gente de Aguascalientes, que es su tierra”, declaró el gobernador.

Incluso, Reynoso Femat había solicitado que los restos del productor fueran depositados en la rotonda local de los hombres ilustres, según Sergio Reynoso, responsable de asuntos de Trabajo de la Asociación Nacional de Actores (ANDA).

Los diarios locales destacaron el deceso de Alonso. El periódico Página 24 dedicó un suplemento especial de ocho páginas para recordar la trayectoria del “Señor telenovela”.

Para el director y actor de teatro, Jorge Galván, el legado de Ernesto Alonso no debe encasillarse solamente a la producción de telenovelas.

“Don Ernesto es una figura de la cultura nacional que no podemos limitarlo nada más a la televisión, porque también produjo muy buen teatro y cine. Fue un persona particularmente distinta por su entrega”, dijo.

Galván, quien ha promovido el teatro en Aguascalientes, reconoció los méritos de Alonso en la televisión. “En sus más importantes telenovelas, tocó los momento torales de nuestra historia, como la Independencia, la Reforma y la Revolución”, añadió.
Proceso | Nada en Aguascalientes lleva el nombre de Ernesto Alonso

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