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Si hoy terminara el campeonato, el Necaxa estaría en primera A (nombre eufemístico y compasivo que se le ha puesto a la segunda división). Es el único equipo de los 18 que no alcanza siquiera el cociente de uno. Tiene apenas un famélico 0.9642857, fruto de 28 encuentros y sólo 27 puntos acumulados.

Lo anterior es más que conocido. Una repetición de las estadísticas que aparecen en las páginas deportivas. No hay sorpresa ni gracia en esos números. No obstante, estoy convencido, en el torneo que corre y del que solamente faltan seis jornadas, hay un misterio, algo extraño, quizá una fatalidad, sobre la que nadie que yo sepa ha hablado. Veamos.

El Necaxa ha jugado 11 encuentros de los cuales ha perdido seis. Todos, sin embargo, por el mismo y exacto marcador: el fúnebre y lacónico 1 a 0. Jaguares, Tigres, Atlas, Querétaro, Monterrey y Puebla lo derrotaron por idéntico resultado. Seis perdidos y seis 1 a 0. Una coincidencia que a fuerza de repetirse llama la atención. Se trata de un marcador apretado, reñido, crujiente, pero que sistemáticamente se le impone al Necaxa. Hay que preguntar a Ricardo Salazar si existe algún antecedente o si estamos frente a un récord que es necesario subrayar, asimilar, quizá incluso homenajear. Homenajear de una manera lúgubre, pero homenajear al fin. Un equipo que pierde todos sus partidos por igual marcador. La FIFA debe estar atenta. Los brujos, las lectoras de cartas, los oráculos, los videntes, también. Parece un hechizo.

El Necaxa ha logrado dos empates, y ambos, otra vez, por idéntico marcador: 0 a 0. Con Morelia y Cruz Azul las porterías se mantuvieron invictas, invioladas, célibes. Nada para nadie, no se pudieron hacer daño, los arqueros resultaron imbatibles, dicen las crónicas de esas gestas. Pero algún sardónico dirá que los que incumplieron el script fueron los enemigos del Necaxa que en esas dos ocasiones fallaron el gol que el destino les había deparado.

Ahora bien, y aunque usted no lo crea, el Necaxa tiene dos triunfos -¿ya adivinó?- por el marcador que lo persigue como una sombra: 1 a 0. Ese resultado, que en los perdedores deja el amargo sabor de lo que pudo haber sido y no fue, es el fantasma que acompaña los afanes de los Rayos. Si X no hubiese fallado el tiro... si Y no se distrae en la carrera... si Z no se lastima... si a H no lo expulsan... la historia hubiera sido otra. Necaxa les ganó 1 a 0 al América y al Santos. Total, en 10 juegos ocho marcadores de 1 a 0 y dos de 0 a 0. Partidos austeros, disputados, parejos, pero en los que la suerte se inclina -mayoritariamente- en contra de los rojiblancos. Esas oscilaciones entre 1 y 0 deben ser objeto de un estudio serio, microscópico, imaginativo.

Hay una excepción. Una sola en todo el torneo. Un partido que se sale de la norma. Y quizá en él se vio el mejor despliegue del Necaxa. Una sublime exhibición. En Toluca, luego de ir perdiendo 2 a 0 contra los Diablos Rojos, el Necaxa metió tres goles y remontó lo que parecía imposible. Resultado final: 3 a 2 a favor de los ex Electricistas. Un día de ensueño para jugadores y aficionados. Una jornada memorable. Así, en 10 partidos el Necaxa anotó dos goles, y en uno, tres. Pareció un milagro, un hecho insólito, una ruptura de las expectativas y las rutinas; y lo fue. Pero bien se dice que una golondrina no hace verano y que un frijol en el gohan no cambia la consistencia del arroz.

No se necesita ser Pep Guardiola para sacar algunas conclusiones. Más bien dos y sólo dos. A) El Necaxa tiene una magnífica defensa (el portero, Óscar El Conejo Pérez, Pablo Quattrocchi, José Antonio Castro, Fernando Salazar, Pierre Ibarra y Javier Ledesma). Le han anotado solamente 8 goles en 11 partidos, menos de uno por juego. O para ser exactos 0.7272727 goles por encuentro. Es la segunda defensiva del torneo, sólo superada por la de Tigres que ha recibido 5. Diría entonces un observador sagaz: ahí no está el problema sino en otra parte.

B) La delantera del Necaxa, la Carabina de Ambrosio y la Ley del primer empleo son una y la misma cosa: artefactos inservibles. (No damos los nombres de los delanteros porque tampoco se trata de hacer escarnio, ni leña del árbol caído, ni virutas de capulinas). Cinco goles en 11 partidos, significa menos de medio gol por juego, y otra vez para ser precisos, supone 0.4545454 goles por cada 90 minutos. Peor, imposible. Bueno, casi imposible, porque no faltará un agudo estadístico que replique que su cociente sería aún más infame si sólo hubiese anotado 4 goles o 3, y por supuesto tendría razón. Junto con el Pachuca se encuentra en el último lugar de ese renglón.

Le quedan al Necaxa seis partidos y los apostadores no parecen estar con el equipo. Matemáticamente -como dicen los que saben- todavía es posible salvarse del descenso. Pero por lo pronto, la maldición del 1 a 0, con su pequeña cauda de 0 a 0, merece ser conjurada, exorcizada.

-Urge una limpia, diría alguien.

-Mejor un Chicharito.

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